5 cosas que aprendí cuando me dejaron

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Bueno, no se muy bien cómo empezar a escribir este post. Me duele hacerlo, pero se que debo, porque no se cómo seguir escribiendo si no documento esto. Miro este posteo y veo las fotos que él me sacó, y lloro. Lo cierto es que hace exactamente 1 mes la persona con la cual estaba saliendo me soltó la mano, así, de la nada y repentinamente. No importa ahora qué fue lo que le pasó, ni si realmente me quería o no. El punto de este posteo no es hablar mal de él ni culparme a mí ni buscar razones o excusas sobre por qué dejo de elegirme. Lo cierto es que 6 meses de mi primer relación sana se fueron a la basura en un abrir y cerrar de ojos, y no estaba preparada para lo que venía después.

1. La realidad es que nadie te dice lo mucho que duelen que dejen de elegirte.

Porque dejar es fácil. Yo lo he hecho. Duele lastimar a la otra persona (porque sabes que no importa cuán delicado seas, le vas a seguir lastimando), pero más aún duele estar del otro lado y recibir el “no siento lo mismo que vos”. Duele porque que alguien deje de hablarte de un día para el otro, es sinónimo de que para él ya estás muerta y no existís. Se terminaron los buenos días y buenas noches, los apodos cariñosos, el “¿cómo estuvo tu día?”. Se terminaron los fines de semana de mates en el río y de un par de episodios de Netflix acurrucados en el sillón. Se terminó esa sensación de que “alguien está pensando en mí en este momento”. Se terminaron los mimos, las caricias, los besos y los abrazos. Un fin de semana lleno de planes, y al otro… nada.

2. Es difícil realizar un duelo así, sin saber bien qué fue lo que pasó.

Porque es peor cuando no te lo ves venir. Cuando todo parece estar bien y de repente no lo está. Hay una parte de vos que no lo entiende, y que necesita entenderlo para arrancar el duelo. Que cómo puede ser que jamás te diste cuenta que algo se había roto. ¿Acaso podría haber hecho algo para evitarlo? ¿Cómo evitás que alguien se desencante de vos? ¿Es posible eso?

3. De repente te encontrás que tenés que volver a reinventar tu rutina.

Y eso es lo más difícil. Volver a esa rutina de cuando estaba sola y no esperaba ansiosa el fin de semana para ver a la persona querida. Volver a tratar de tener pasión por este blog, este espacio, cuando la realidad es que quiero quedarme metida en la cama y llorar todo el día (y no me lo permito muy seguido porque, de esa forma, ¡no se sale del abismo!). Volver a esos lugares donde fuimos y disfrutamos juntos. Llorar en cada espacio que compartimos momentos tan lindos y divertidos. Volver a ver una hamburguesa y no llorar (sí, lo quise a ese nivel babies). Entender que tal vez no era para mí y que hay algo mejor esperándome más adelante en el camino, por más que yo hubiese querido que él fuese “the one”, esa persona con la que nos enseñaron a fantasear desde chicas y que nos iba a hacer sentir mariposas en el estómago todo el tiempo.

4. También recordé que no todos son quienes dicen ser.

No todos tienen la inteligencia emocional ni la madurez que dicen tener. No todos saben lo que quieren de su vida. Fue ingenuo de mí pensar que a los 30 un hombre sabía lo que quería — de hecho, saber qué querés es algo TAN difícil y que no está para nada ligado a la edad. Tal vez lo mío es una excepción: yo sí sé qué quiero de una relación y lo tengo recontra claro, pero puede que otra persona no y lo esté descubriendo en el camino. Y a su vez no todos somos realmente quienes decimos ser. Todos queremos creer que somos maduros, que somos inteligentes, pero a la hora de la verdad… no todos somos así. A la hora de decirle a alguien que ya no lo queremos más, no todos tienen la capacidad de ser valientes y decirlo en la cara (sí, me lo dijeron por Whatsapp gente, y lo tuve que obligar a venir a verme en persona porque sino quedaba así, en formato digital).

5. No siempre es culpa tuya que todo haya terminado.

Creo que esta fue la lección más valiosa que aprendí. Que esto no tuvo que ver conmigo y sí 100% con él y con sus mambos. Que yo fui lo mejor que pude ser, di todo lo que pude dar y quise todo lo que sentí querer. Que no había nada que yo pudiera haber hecho para hacerlo quedarse, enamorarse de mí. Que no tenía nada que ver con mi cuerpo, mi estilo de vida, mis opiniones. Que fue todo él, todo suyo. Y, lo más importante de todo, que yo no tenía que cargar con ese peso que, muchas veces, las mujeres elegimos cargar sobre nuestros hombros.

Sin embargo, hoy lo más importante que tengo en mi cabeza es que no estoy sola y sigo avanzando.

Y sí, lloro. Y sí, lo extraño. Pero se que voy a estar bien. Porque si hay algo que me dejó esta experiencia, es no solo una autoestima más madura y afianzada, sino la convicción de que estoy rodeada de mucha más gente de lo que yo pensaba. Mis amigas de Suecia que me escucharon ni bien él se fue del departamento. Marie, del trabajo, que al toque me ofreció vernos al día siguiente para charlar y compartir una taza de café, o charlar en una máquina de café a escondidas en el laburo para que nadie me viese llorar. Compañeros de la ofi que no me quieren ver mal. Mi mamá que estuvo desde el primer momento (y quien ahora me está haciendo unas riquísimas empanadas para la cena). No puedo pasar por alto todo esto. Mi angustia es válida y real, pero no quita que no pueda ver lo privilegiada que soy al tener todo esto que me sostiene, que me sirve de bastón ante esta nueva experiencia que hoy me quita el sueño. Pronto voy a poder volver a escribir sobre cosas más alegres, y también me gustaría escribir sobre lo que aprendí durante el tránsito de este duelo. Espero que estén del otro lado para leerme.
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Sora

6 Comentarios

  1. Lucía
    abril 14, 2019 / 10:31 pm

    Hace 1 mes y días mi primer novio, con el que yo imaginaba una vida entera y la relación más sana en la que pude haber llegado a estar, se fue a vivir a España. Por supuesto, yo con todo el amor que le tenia (y le tengo) no tuve otra opción más que apoyarlo en eso.
    Por 1 mes seguimos hablando, y, aunque la tristeza, soledad, culpa y angustia no se iban, hablar con él me hacía sentir muchisimo mejor.
    Un día le dije que seguir así no podía ser bueno, que nos iba a dificultar más el proceso de superacion y que yo no sentía que él se merecía eso, así que desde entonces ya no hablamos.
    Hasta el día de hoy lo amo con toda mi alma, lo extraño y lo veo en cada rincón, por eso leer este posteo me hace sentir acompañada. No solo porque su ausencia me genera un vacío, sino porque desde que él se fue realmente me quedé sola (amigos y familia se borraron), pero saber que un dolor tan fuerte como el de un corazón roto lo pasan todas las personas y que estas 5 cosas que vos aprendiste yo también las puedo aprender (y algunas las estoy aprendiendo) me da mucha esperanza.
    Gracias por esto, te mando un abrazo muy fuerte 💜

    • Sora
      Autor
      abril 18, 2019 / 11:47 am

      Gracias por compartir tu historia Lu ♥ Es triste lo que contás, pero creo que fue muy maduro de tu parte cortar una relación que a la larga iba a ser muy difícil llevar a cabo por la distancia. Espero que puedas superar esto y logres volver a abrir tu corazón otra vez 🙂

  2. abril 14, 2019 / 11:42 pm

    Es raro decir que me gustó el post , porque desearía que no tuvieras que escribirlo ni sentirte mal. Pero como vos decís, de acá vas a salir fortalecida si o si !
    Seguiré leyendote !
    Besos
    Elina
    @cosasdelavidayyo

    • Sora
      Autor
      abril 18, 2019 / 11:43 am

      Hahaha lo sé, ¡es raro! A mi también me resulta raro volver a mi lado creativo escribiendo sobre estas cosas, pero bueno, son cosas que pasan

  3. María Eugenia
    abril 15, 2019 / 3:06 am

    Muy lindo lo que vescribiste. Y muy cierto. Y todos los que alguna vez nos han dejado nos hemos sentido así.
    Espero que salgas adelante rápido. Y yo no te conozco , pero seguro se perdió a una gran mujer!!!

    • Sora
      Autor
      abril 18, 2019 / 11:43 am

      ¡Muchas gracias Maria Eugenia! :*

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