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[ENGLISH BELOW]

Llevo 40 días de aislamiento social a raíz de la cuarentena obligatoria por coronavirus. Vengo hace un ratito de pasar por el cajero automático después de casi 2 semanas sin salir, salvo para sacar la basura. No me había dado cuenta que las hojas de los árboles habían empezado a caer. Me paré al lado de un árbol con mi barbijo y guantes puestos y me largué a llorar.

Estoy harta. Cansada. Agotada. Ansiosa. Intento levantarme con ganas, hacer cosas, ser productiva — y no porque HAYA QUE SER productivx, sino porque se que estar en movimiento y haciendo cosas que sumen a mis metas a largo plazo me dan propósito y empuje en la vida diaria. Pero es difícil. Mi cuerpo no entiende lo que está pasando: pasó de entrenar 2 horas por día de Lunes a Lunes a hacer 30 minutos de krav magá día por medio. Y si bien sigo intentando comer lo más sano y balanceado posible, la verdad es que la gran mayoría de las veces tengo muy pocas ganas de cocinar.

Lo económico pesa. No es cierto que estamos todos en el mismo barco, como dicen por ahí. No es lo mismo quien tiene un alquiler que pagar que quien no lo tiene. No es lo mismo quien sigue cobrando un sueldo, aunque sea reducido por la pandemia, que quien no tiene/se quedó sin trabajo o vive de changas/cobra en negro.

Y aún así y todo, tengo la suerte de vivir en el país que tomó medidas preventivas más rápido que el resto del mundo.

Creativamente aún me siento bloqueada. ¿Saben hace cuánto tenía ganas de escribir este posteo? Semanas. Me sentaba. Escribía. Borraba. A veces escribía triste, muchas otras con bronca. En Twitter me arrepiento de la mitad de las cosas que dije; cosas dichas a base de enojo, resentimiento, esa característica mía que necesito tanto trabajar.

Apenas si tengo ganas de vestirme cuando salgo de la cama, sacarme el pijama y lavarme la cara, ¿mirá si voy a tener ganas de maquillarme para producir un video o sacar fotos para un posteo? Tal vez hoy recién esté encontrando ese empuje, esas ganas, porque creo que luego de casi 40 días confinada a las 4 paredes de mi departamento me estoy acostumbrando a que ésta es mi nueva realidad. Nuestra nueva realidad, hasta nuevo aviso.


No creo que quede un alma sin ser tocada luego de que todo eso pase. Porque sí, pasará, como todo en la historia de la humanidad. Pero no sin dejar secuelas.


Si hay algo que este virus nos mostró a todos, son los verdaderos colores de las personas con las que nos relacionamos a diario y nos rodean. A nivel global, estamos viendo lo peor de la humanidad: el egoísmo, el individualismo de quien no puede mirar más allá de su propio ombligo, del capitalismo en su más cruda expresión. De quien no puede mirar más allá de sus propios privilegios y de quien necesita estar todo el tiempo señalando el privilegio ajeno cual guerrero de la justicia social. Porque no podés quejarte de tu situación, ¡no!, porque siempre hay alguien en una situación peor a vos y al parecer quejarte hace que dejes de tener los ojos abiertos a otras realidades ajenas a la tuya.

Hace bastante rato que vivimos en la era de lo “políticamente correcto”, pero hoy más que nunca lo vemos en la calle, en las redes, de balcón a balcón. Desde quienes gritan a la gente que está circulando en la calle (sin saber por qué están en la calle) hasta quienes protagonizan linchamientos sociales en Twitter e Instagram a quien, a us criterio, no se lava bien las manos, hace mal las compras, se pone mal el barbijo, etcétera, etcétera.

A nivel personal, me sorprendí muchísimo al darme cuenta que habían algunas personas con las que ya no podía contar. Amistades que no eran tan fuertes como yo pensaba, y muchas otras que, a diferencia de las primeras, se vieron fortalecidas ante la adversidad. Muchxs amigxs necesitaron recluirse las primeras semanas; meterse dentro de su propia piel y analizar qué querían, qué necesitaban, para volver a emerger. Muchxs otrxs que, ante una situación tan impredecible, reaccionaron presas del pánico e hicieron cosas que normalmente no harían.

Dicen que no hay que tomar decisiones “en caliente”, o cuando ocurren cosas excepcionales, como es en este caso. Pero yo creo que esta pandemia nos está dando la oportunidad de hacer limpieza. Limpieza de personas, actividades, cosas que no nos suman. Oportunidad de estar a solas con nosotros mismos ahora que literalmente no hay nada más que hacer, de conocernos y saber qué es lo que realmente necesitamos. Oportunidad de descubrir hasta dónde queremos que llegue la gente con nosotros, de poner límites sanos.

Oportunidad de volver a armarnos, arrancar de cero.

Después de todo, cuando se está en el fondo, no queda otra que tirar para arriba.


IN ENGLISH

I’ve been on self-isolation for 40 days now due to the coronavirus outbreak. I just came back from the bank a couple minutes ago, after 2 weeks of not leaving the apartment at all except for taking out the trash. I hadn’t realized that autumn had already started and that the leaves on the trees were already on the ground. I stood by a tree, looking up at it, and with my hands in gloves and my mask on, I started to cry.

I’m fed up. Tired. Worn out. Anxious. I try so hard to get up from the bed in the mornings and it’s so so hard to be productive — not because I believe we HAVE TO BE productive, but because getting myself ongoing with stuff gives my life purpose and motivation. But it’s hard. My body doesn’t understand what’s happening: it went from training 2 hours a day 7 days a week to 30 minutes of krav magá twice a week. And even though I try to keep eating healthy and all, sometimes I don’t even find the motivation to get myself into the kitchen and cook.

The economic outcome of all this weighs me down. It’s not true that we’re all on the same boat, as some people have started to say. It’s not the same; those who have to pay rent vs those who don’t have to. Those who still got their jobs vs those who lost theirs due to the pandemic.

And even so, I’m still lucky to reside in one of the countries that took early preventive measures compared to the rest of the world.

I’m still creatively blocked. Do you guys have any idea how long it took me to write this down? Weeks. I’d sit, write, delete. Sometimes I wrote in a really mad mood, others super sad. I wrote things on Twitter I truly regret now; things I said out of anger, resentment, that bad quality of mine I’m battling every single day.

I barely feel like dressing up in the mornings, or putting on make up. You can imagine I just don’t feel (right now) like dressing up for a camera. Maybe today I found the push I needed to write this down, after 40 days of being completely isolated from other human beings. Perhaps I’m getting used to this new reality of mine. Our new reality, until further notice.


Not a single soul will be left untouched after this is over. Because yes, this too shall pass.


The virus has shown us the true colors of the people who surround us daily in our lives. Globally, we’re seeing the worst in humanity: selfishness, people’s individualism that won’t allow them to see beyond their own belly buttons, capitalism in its roughest form. Those who can not see beyond their own privilege and those who need to point out people’s privilege left and right as well. Because you can not complain about your own situation as there’s always someone having it worse than you! And that automatically makes you blind to other less favorable circumstances.

We live in the era of the “politically correct” people. We see it everywhere: from people shouting at others in the street (ignoring the reason why they’re out in the first place) to individuals leaving post-its on elevators insulting doctors or people who work at supermarkets/pharmacies.

On a personal level, I was surprised to realize that I couldn’t continue counting on some people. Some of my friendships weren’t as strong as I thought they were, and others ended up strengthened by this particular situation. Many of my friends needed time alone, while others, unpredictably, lashed out at me in ways that showed me their true colors, colors I wouldn’t have seen if it weren’t for the coronavirus.

It is in times like this that people tell you not to make any rash decisions. But I believe the pandemic has brought to us the opportunity to do a little clean up in our lives. Clean up of people, activities, things that don’t add up. Opportunity to be alone with ourselves, now that there’s nothing else to do. Opportunity to figure out just how far we’re letting people go with us, to put healthy boundaries between you and the outside world.

Dicen que no hay que tomar decisiones “en caliente”, o cuando ocurren cosas excepcionales, como es en este caso. Pero yo creo que esta pandemia nos está dando la oportunidad de hacer limpieza. Limpieza de personas, actividades, cosas que no nos suman. Oportunidad de estar a solas con nosotros mismos ahora que literalmente no hay nada más que hacer, de conocernos y saber qué es lo que realmente necesitamos. Oportunidad de descubrir hasta dónde queremos que llegue la gente con nosotros, de poner límites sanos.

Opportunity to start from scratch, from zero.

After all, when you’re at the bottom, there’s no other direction to go but upwards.

3 Comments

  1. This was wonderfully written and introspective; I do hope you’ll soon find your life filled with some more positive things ♥

    – Laura // afinnontheloose.com

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