Aún no entiendo bien mi relación con el consumismo. Siento que estoy en esa etapa intermedia entre la Flor del pasado que amaba ir de compras y siempre tener algo nuevo a estrenar todos los meses, y la Flor que quiero ser que no le da tanto valor a las posesiones materiales o que, mejor dicho, le da valor a lo que ya tiene.

Pienso que a veces hasta perdí el sentido de lo que es realmente “salir”. Pienso: “si no voy a comprarme nada, ¿para qué salgo?”, como si salir si o si significase que tengo que gastar plata en algo más que un almuerzo o una merienda.

No lo entiendo. ¿Cómo es que llegué a este punto? ¿A alguien más le pasa? ¿Qué hace la gente cuando SALE? ¿Esto me pasa a raíz de la pandemia?

Se me vienen todas esas preguntas a la cabeza.

Me parece increíble que el capitalismo me haya calado tanto la cabeza a un nivel en el que considero que salir a pasear no es una opción si no voy a gastar plata en objetos. En parte me gusta culpar a las publicidades, los lanzamientos cada vez más frecuentes de productos, y los influencers que no hacen más que todo el tiempo mostrarnos cosas nuevas.

¿De quién es la culpa? ¿Es mía por dejarme tentar? ¿Yo debería ser más fuerte?

¿O es acaso responsabilidad de las marcas arriesgar rentabilidad en pos de ser más sustentables (de verdad, nada de greenwashing)? ¿Las marcas de belleza deberían sacar tan sólo 1 producto al año? ¿Las colecciones de moda deberían ser cada 6 meses y no con ingresos cada 2 semanas?

¿Y qué hacemos con los influencers? Cada previa de Black Friday nos dicen que nos van a mostrar descuentos pero que bajo ningún concepto nos están incentivando a comprar. Cuando arrancan sus closet tours o stories mostrando hauls nos dicen que nadie tiene que tener tanta ropa, que es su trabajo, que no es lo habitual… pero en base a eso nosotros nos comparamos, miramos nuestros closets y decimos “aaah, ese color de biker no lo tengo” y nos endeudamos para convertirnos en “esa chica” (la famosa “that girl” de TikTok).

Repito: no lo entiendo. No se bien qué hacer con esto. ¿Dejo de seguir influencers que me inspiran con su estilo para no tentarme con más recomendaciones? ¿Bloqueo a las marcas para no ver más sus publicaciones?

Lo único que se es que mi cuerpo se llena de adrenalina cuando estoy a punto de apretar “comprar” cuando lleno el carrito de compra, y que algo se rompe dentro mío cuando borro todo y cancelo ese impulso por llenar un vacío que necesita de otra cosa — porque a esta altura tengo claro que lo mío viene por otro lado y no es siquiera verdadero deseo: es ansiedad. Esa ansiedad que a muchxs nos hizo hacer compras impulsivas online durante la pandemia y la que hoy nos sigue acompañando ahora que podemos salir (relativamente) seguros de casa.

Me molesta. Me duele. Me incomoda. Y no se bien qué hacer.

Hasta ahora lo único que pude lograr es resistir. Resistir la tentación. Recordarme por qué no quiero gastar más dinero. Que tengo sueños más grandes, más trascendentales. Que la plata no está para gastarla en otro pedazo de tela más ni en otra crema para las arrugas.

Recordarme también que estamos destruyendo el planeta en el que vivimos. Y que si bien no soy la persona más ecológica del mundo, sí siento que el mundo de la indumentaria me interpela por haber pasado tanto tiempo trabajando en ella.

Quizá a futuro el deseo de comprar todo el tiempo desaparezca. Sí. Eso suena bien. Pero mientras tanto, me enfoco en eso: en resistir.


La foto que acompaña este escrito la saqué luego de escribir este post. Mirándola, me encontré pensando “eu, mi placard no es tan grande como pienso en realidad… quizá no tengo un volúmen de ropa ridículo después de todo”. Hasta mi visión de “qué es demasiado” se ve distorsionada porque vivo comparando el tamaño de mi placard con el de los demás.

Pareciera que los que tienen un placard de 1 metro de ancho están haciendo todo bien, y los que tienen walk-in closets todo mal.

¿Y cuándo pongo el foco en lo que YO considero que está bien para mí?

2 Comments

  1. avatar

    Hermoso post! Me pasaba lo mismo: compraba para llenar un vacio. Hasta que leí el libro de Marie Kondo y ahí hice una limpieza mas o menos profunda y adaptada a mi estilo (lo lamento Marie pero no puedo quedarme con “solo treinta libros” ni tirar las fotos viejas). También, cuando voy a comprar algo me pregunto si realmente lo necesito.

    1. avatar

      Lo clave es justamente lo que decís: adaptarlo a lo que uno necesita ^^.

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