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Dejé que Instagram dictara mi forma de vestir durante 10 años

Este post es parte de una serie de escritos sobre moda, autoestima y salud mental. Lo pueden encontrar dentro de la sección "mi relación con la moda".

Hace unos meses un ex compañero de trabajo, Pato (si estás leyendo esto, ¡te quiero loquito!), que es entrenador en PNL (Programación Neuro Lingüística), me hizo un test de sistemas representacionales. Me salió predominante en visual y kinestésico. Me acuerdo que cerró los ojitos así todo nerd y me dijo:

“Claro, por eso si bien te gusta la ropa priorizás estar cómoda”.

Recuerdo quedarme helada, como en estado de tres puntos suspensivos.

¿Yo? ¿Cómoda? ¡Pero si toda mi vida me había pasado repitiendo que “la moda incomoda”! Me voló la cabeza cuando dijo eso porque, en efecto y poniéndome a reflexionar, me di cuenta que SÍ priorizaba estar cómoda ante todo. Soy de vestirme muy acorde a la ocasión, pero no en materia de si es una ocasión formal o informal, sino en cuán cómoda necesito estar para hacer lo que sea que deba hacer en esos determinados momentos. Si tengo que viajar mucho en colectivo y se que me puede tocar una parte del trayecto parada, no me pongo los zapatos que SE que me van a matar estando más de 3 horas de pie. Si se que voy a caminar mucho opto por ponerme zapatillas o borcegos bien bajos. De lo contrario y si, por ejemplo, voy a ir a una cena en auto, bueno, ahí sí me pongo tacos, total mucho no voy a caminar.

Todo esto me puso a pensar en… bueno, todo. ¿Qué ocasiones o qué cosas hacen que me vista de una manera u otra? Y ahí es donde entra Instagram, esta aplicación que amo tanto odiar.

Me subí a Instagram apenas salió. Venía de Lookbook.nu, una plataforma donde también se subían looks, pero de la cual yo venía enojada porque ahí las chicas más conocidas eran las que tenían personas que les sacaban las fotos a sus looks que oooooobveamente no usaban para salir ni a palos. Yo quería ver lo que de verdad la gente estaba usando. Quería ver esas fotos llenas de ruido y espontáneas onda “eu, ¿me sacás una foto así rápido para mostrarle a mis amigas lo que me puse hoy?”. Después de todo esa era la esencia del fashion blogging hasta el 2010.

Instagram vino a cambiar las reglas del juego y rápidamente el algoritmo fue adaptándose para mostrar las fotos más cuidadas, profesionales y teatralizadas. En lo que a mi respecta, muy poco tiempo después, ser bloguera de moda ya era una carrera viable impulsada con Instagram que, en los últimos años, terminó por fagocitarse a los blogs tal y como los conocíamos para dejarlos CASI en el olvido.

¿Qué sucedió luego? Eso ya lo sabemos porque lo estamos viviendo:

El ritmo en las redes sociales es cada vez más vertiginoso, y quien no se sube y baja del tren a tiempo, pierde. Hace 2 años la foto era el rey; ahora lo es el video. Hace 1 año los videos más largos formato tipo YouTube reinaban; hoy lo son los videos cortos de algunos segundos haciendo alguna payasada en TikTok. Si hoy no hacés video, salís perdiendo, las plataformas no te muestran y todo tu arduo trabajo queda enterrado en el olvido. Y si hay algo que la industria te demuestra una y otra es lo siguiente: que no sos suficiente y que para “pegarla” tenés que ser ‘original’, tenés que tener un algo que te haga diferente para que la gente te quiera consumir.

Un look que me sentaba bastante incómodo allá por el 2017 (además de que me daba frío).

¿Por qué les cuento todo esto?

Porque creo que intenté en convertirme en un consumible. Intenté convertirme en lo que mi audiencia quería ver. Me seguí vistiendo con mil estampados porque eso era lo que supuestamente la gente que me seguía quería ver, a pesar de sentirme super incómoda. ¡Porque sí! Algunos de los looks que están viendo en las fotos adjuntas de este escrito eran super incómodos de usar, pero yo me los ponía igual porque sabía que iban a tener más me gusta que mis looks con remera de Harry Potter y a cara lavada.

Me da calor admitir que, cuando salgo, aún pienso en lo que me voy a poner en función de si el look lo voy a subir a Instagram o no. Y pierdo muchísimo tiempo combinando prendas que cuando me las pongo no me terminan gustando juntas porque ¡obviamente! estoy intentando demasiado ser alguien que no soy. Lo mismo me pasa cuando decido no maquillarme: automáticamente pienso “hoy no va a ser un día para fotografiar mi look”, ¡como si estar con un full make-up fuese requisito para aparecer en esa plataforma!

Uno de mis looks favoritos de hace unos años, muy yo, bien relajado

Me cansé de participar en ese juego.

Ya sé lo que tengo que hacer para “pegarla” en cada red. Qué outfit usar, qué tipo de videos hacer y cuan complejo o no un copy debe ser para captar la corta atención que tienen los usuario actualmente en la red. Ya se que cuanto más hegemónica sea y más perfecta mi vida parezca, mejor me va a ir.

Pero me cansé de jugar para los algoritmos que más encima son MUY crueles si sos una femineidad — porque de más está decir que a hombres y mujeres no se les exige lo mismo en las redes, aunque esa ya es otra historia (¿u otro escrito?).

Soy consciente de que esto suena como a la queja de una piba que “no se esforzó lo suficiente ni fue perseverante”, porque sí, también tenés que cargar con el peso de que no pegarla es TU culpa y no la de un sistema que te condiciona. Pero la realidad es que estoy muy cansada de ver amigas agotadas después de sus trabajos de 9 a 5 seguir trabajando en algo que no les devuelve nada después de poner TANTO esfuerzo, además de darme cuenta lo que a mí me ha afectado mentalmente luego de casi 11 años.

Hoy elijo tirar la toalla porque quiero volver a la época donde esto era realmente un hobby, un disfrute, para mí. Quiero volver a entusiasmarme por empilcharme y por escribir. Después si de eso surge algo, ¡genial! Pero mejor que sea a costa de ser auténtica y de haber disfrutado el camino.

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