El Palacio Real de Estocolmo (o Kungliga Slottet, en Sueco) es uno de esos lugares que no puedo creer que no visité en mi primer viaje a Estocolmo.

Conocido como uno de los palacios más grandes después de Versailles, el Palacio Real de Estocolmo fue construído sobre las ruinas del Castillo Tre Kronon que se incendió en 1967, del cual sólo queda el ala norte que se incorporó elegantemente al nuevo edificio.

Es enteramente funcional y definitivamente no un museo. Es posible que en ciertos días el palacio esté cerrado al público, dado que la familia real trabaja aquí regularmente — el chico que nos dio el tour se refería al Rey y la Reina de Suecia como sus “jefes”; me pareció re tierno 🙂

Mis destacados de la visita:

I) El estilo del interior del palacio es barroco y rococo a la vez, ya que el mismo tardó 57 años en terminar de construírse.

II) ¡Tiene más de 600 habitaciones! (y si la memoria no me falla, a los visitantes se les suelen mostrar alrededor de 30).

III) Las habitaciones privadas donde la familia real REALMENTE vivían, son mucho más pequeñas y agradables. Se van a dar cuenta enseguida, porque los techos son mucho más bajos, las paredes están más despojadas de decoraciones y se ven menos atestadas de muebles que las habitaciones públicas. Esto es adrede: las habitaciones más chicas y de techos más bajos son mucho más fáciles de calentar, algo clave para Suecia que es un país de inviernos muy crudos.

IV) ¡El palacio contiene la pieza de porcelana más grande del mundo! (Recomiendo acercarse lo más posible para verla en detalle, porque si no ni te das cuenta que está hecha de porcelana y no algún tipo de madera como el resto del mobiliario).

V) ¡El trono de plata de la Reina Kristina es realmente impresionante! (en ese espacio particular es donde comienza el tour, por cierto).

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